
Para terminar este año y para retomar actividades en este blog que estuvo inactivo mucho tiempo quisiera proponer una reflexión frente a los distintos acontecimientos que marcaron el papel del rock nacional en la escena pública colombiana. El hecho que más marcó esta imagen fue la muerte de Julián "Pitbull" a manos de Skin Heads en nuestra capital. Este hecho se mostró en distintos medios de comunicación como un caso sintomático de violencia entre grupos urbanos, es decir, se intentó decir que estos grupos se estaban matando entre ellos en las calles de Bogotá como si fueran pandillas en guerra. ¿En serio es así?
El caso de Julian hay que verlo con cuidado para ver si es que "se están matando" como se pretende mostrar. No fue un problema entre Hard Core y SHARP fue un problema entre Julian y uno de los Skin Heads; fue resuelto violentamente por éste último con el respaldo de su grupo; sucedió en Bogota, Colombia en un contexto de conflicto y violencia específico; en fin, no es tan fácil como decir "es que entre tribus urbanas se están matando".
Sin embargo la constitución de los grupos urbanos tiene bastante que ver, sobre todo por tratarse de grupos reaccionarios. No estoy diciendo que los grupos reaccionarios son violentos, pero en un contexto como el colombiano donde se considera la violencia como la forma más efectiva de lograr un impacto social la conformación de grupos puede tener altos índices de violencia, es así como en los conciertos vinculados a estos grupos son comunes ciertos roces por motivos aparentemente banales: "me miró mal", "me quitó la novia", "me regó cerveza", "dijo algo que no me gustó", etc. El problema es que todo se termina solucionando a golpes. ¿Y el rock ahí que? ¿Será que fue más la bulla de los medios que el papel del rock en actos violentos? repasemos el segundo caso que quiero nombrar en esta reflexión: Rock al Parque.
Este año el festival gratuito más grande de América Latina presenció actos de violencia singulares: un espectador atacado por varios otros, y tres oficiales de policía gravemente heridos por un grupo de asistentes al evento, incidente que terminó en el uso de gases lacrimógenos. ¿Qué pasó? Recordemos que Rock al Parque surgió como una iniciativa para reducir la violencia entre grupos urbanos que estaba alcanzando índices considerables, es un espacio de “extrema convivencia”.
El festival del 2007 fue calificado como “malo” por gran parte del público rockero de Bogotá por no tener la calidad de invitados que presentó en años anteriores (Manu Chao, Fear Factory, Caifanes) o que presentaron otros festivales (Sepultura en el festival Altavoz de Medellín), pero yo lo calificaría como “malo” desde que perdió de vista su finalidad como espacio de convivencia en su afán de protagonismo como “El Festival Gratuito más Grande de América Latina”. Pero tenemos que pensar cómo se esta viviendo el festival y el rock en Bogotá y en Colombia para que estos incidentes sucedan, ¿En que momento ser rockero, metalero o punkero se volvió parte de la violencia en nuestro país? ¿Será que el rock nacional no escapa de la espiral de violencia en la que se ve envuelto nuestro país? ¿Será que la convivencia ya no nos importa mientras tengamos las mejores bandas del mundo tocando en el Simón Bolivar?
En mi opinión, las culturas urbanas permiten que haya formas de expresar descontento, de transgredir una realidad que no nos llena, de acusar una sociedad injusta sin el uso de la violencia directa, sin tener que matar a cada persona que participa en este mecanismo intolerable para muchos. Esto es lo que el rock colombiano hace en la vida de miles de habitantes de un país con injusticias evidentes, violencia naturalizada y un conflicto armado incomprensible para muchos y que nos toca a todos. Como dijo un integrante de la banda de Death Metal SOCAVÓN en el festival de Usmetal del 2006: “muchos creen que esto es una moda, pero esto es un luto por toda la sangre que se ha derramado en este país en una guerra estúpida”. ¿Será que nos estamos matando? ¿Será que nos tenemos que matar? No creo, pero al parecer hay gente que si. Sin embargo parece no ser la mayoría.
Etiquetas: 2007, Bogotá, Colombia, Culturas (Tribus) urbanas, Rock, Rock al Parque, Skin Heads, violencia